Es interesante la reedición de este comic de 1995 originariamente publicado en tres tomitos de lo que entonces se llamaba ediciones Prestigio (antes de la tapa dura, en un neblinoso estado de edición que hacía equilibrios entre el comic-book tradicional y la búsqueda de una respetabilidad visual que no tardaría en llegar).

Resulta valioso que recuperemos hoy aquellos primeros ecos de los grandes avances del comic de superhéroes en terrenos más adultos tras la explosión del Dark Knight de Miller, el Watchmen de Moore y Gibbons y el Arkham Asylum de Grant Morrison, porque eran momentos de experimentación y muchos, muchos palos de ciego.

Esta recoleta aventura de Batman perteneciente a la línea Elseworlds (historias que no entraban en la continuidad y que han puesto a los héroes DC a nacer en la URSS de los ochenta o a rastrear a Jack el Destripador) enfrenta a Batman a uno de sus enemigos más peculiares. Man-Bat es una traducción literal del concepto del hombre-murciélago, es decir, un científico que ha mutado a una forma híbrida con orejotas y grandes alas membranosas.

DC encomendó la realización de esta historia a dos nombres propios relativamente alejados del género superheroico, afincados normalmente en el género de terror: Delano había creado a John Constantine, el mítico Hellblazer de DC, y Bolton había trabajado tanto en los Libros de la magia de la propia Vertigo como en los comics de Hellraiser junto a Clive Barker. Entre ambos se encargaron de dar a esta historia de Batman un tono siniestro pero -como es habitual en Delano- muy concienciado ecológica y socialmente, y que coloca al Señor de la Noche en una ubicación muy poco cómoda: en pleno desierto y en un entorno donde sus gadgets tecnológicos no sirven para nada.

Batman llega hasta allí siguiendo a una inadvertida ladrona de un compuesto químico que puede diezmar la población mundial. Man-Bat, el antiguo científico devenido mesías de la ascensión murcielaguera, y que ya se ha creado una familia a su medida (una mujer mutada y un par de hijos en distintos grados de evolución murcielaguista), tiene acceso a esa sustancia robada. Batman tendrá que poner en marcha sus mayores dotes de persuasión para evitar una catástrofe mundial. Con poca acción y mucho diálogo, este encuentro entre el Hombre Murciélago y el Murciélago Hombre es un curioso engendro tan de su época que conviene recuperarlo para entender una era de los comics muy específica y por qué acabó yendo en la dirección en la que fue: la idea de ubicar a Batman en un entorno tan poco propicio para él da lugar a alguna que otra escena interesante, pero la intención clara de DC de encomendar el proyecto a un guionista “comprometido” y a un dibujante “pictórico” tiene más de cálculo en un despacho que de genuína decisión artística.

Aún así, Man-Bat funciona: la incómoda situación para Batman da pie a momentos de peculiar comicidad, y la nueva familia de Man-Bat, con una mujer enamorada y mutante y un hijo que es pura generación grunge pero con orejazas y alas, motiva más de un momento memorable. Es imposible disfrutar de Man-Bat hoy sin tener en cuenta cómo y en qué circunstancias se produjo, pero como testimonio de una era menos complicada y más temerosa de lo que se le venía encima al género, no tiene precio.

[John Tones]

Fuente: Sabemos Digital