La muerte de Superman, uno de los cómic más vendidos de todos los tiempos, fue uno de los eventos freaks más sonados entre la prensa internacional de la época. Un monstruo imparable, Doomsday (el juicio final), se enfrenta a puño limpio contra el último hijo de Kriptón. y luego de una larga batalla, página tras página, y con medio Metrópolis hecho añicos, ambos combatientes terminan “muertos”.

La imagen de la capa de Superman, rasgada y montada en un palo a modo de bandera, dio la vuelta al mundo y pretendió romper con un paradigma de los superhéroes: que estos eran prácticamente inmortales. Tristemente el paradigma que se creía roto no duró mucho, el hype terminó cuando DC Comics decidió revivir al Hombre de Acero -con tupida mata de pelo y todo-, dejando ver clara sus intenciones de simplemente crear un ardid publicitario más que un desenlace con consecuencias reales. Pero sí, algo había cambiado en Superman, y no sólo su aspecto. Había muerto un antiguo Superman para dar paso a un nuevo modo de historietas.

El eficiente truco para vender más ejemplares fue repetido por Batman en 1993, con La Caída del Murcielago (cuando éste queda paralítico a causa de Bane), que sea truco o no, sí era una gran historia, a mi juicio al menos, mucho más elaborada que la muerte del super-hombre. Y por Marvel tenemos la cuasimuerte y resurrección de Spider-man en 2006 (a manos de Morlun).

A título personal pese a que La muerte de Superman no es una tremenda historia, si marcó mi infancia. Recuerdo que salió en las noticias de todos los canales y se mostraban protestas en todos lados. Fue sobrecogedor y muy impáctante… por eso y mucho más, se gana un lugar entre los sucesos freaks más memorables de la historia.